Cultura

Los Judíos en el Centro Histórico

Por: Mónica Unikel

La comunidad judía de México se estableció hace poco más de 100 años: desde los inicios del siglo XX empezaron los primeros migrantes provenientes del Imperio Otomano de países como Grecia, Turquía, países balcánicos y Siria, que huían del ultranacionalismo otomano que obligaba a realizar un servicio militar peligroso y severo, y la renuncia a las identidades minoritarias. Más adelante, en los años veinte del siglo pasado, empezaron a llegar a costas mexicanas los ashkenazim que escapaban de la revolución rusa, el antisemitismo y la pobreza.

México los recibió y les dio oportunidades de libertad y desarrollo.

Al llegar, todos se establecieron en antiguo barrio de La Merced, unos al lado de otros, compartiendo sus preocupaciones y esperanzas de crear una nueva vida.

Añejas vecindades les dieron alojamiento, al lado de vecinos de diversos orígenes y credos. En sus cuartos recrearon costumbres y tradiciones milenarias, allí estudiaron, rezaron, crearon talleres de sastres, abrieron tiendas de abarrotes judíos, carnicerías kosher y panaderías de estilo europeo que no existían antes de su llegada.

La primera organización judía surgió en 1912 con judíos de muy diversas latitudes, preocupados por crear las bases de la ayuda solidaria que sería fundamental para la sobrevivencia de los inmigrantes. Al ser pocos y no tener un espacio propio, la logia masónica sirvió de marco para ese inicio histórico.

Los primeros inmigrantes se dedicaron en su mayoría a la venta de mercancías en abonos. El cuerpo era la tienda, y con escasas palabras en español pudieron vender y ahorrar para traer al resto de sus familias.

La primera sinagoga en México nació en la calle de Justo Sierra, en el Centro Histórico. Allí empezaron a rezar y convivir todos los judíos que había en la capital, pero pronto se crearon las diversas comunidades que agrupaban a los judíos según sus países de origen y que persisten al día de hoy: Monte Sinaí, de los judíos de Damasco y Líbano; Maguén David, de los judíos de Alepo; la Comunidad Sefaradí, de los judíos de Turquía, Grecia y los Balcanes y la Kehilá Ashkenazí, de los judíos de Rusia, Polonia, Ucrania, Lituania y demás países europeos.

Un espacio fundamental fue el conocido como Tacuba 15, en cuyo domicilio se creó un hogar para los inmigrantes. Allí podían encontrarse con sus hermanos, hablar en su lengua, tomarse un té y compartir sus cartas, asistir a una conferencia donde les hablaban sobre México, su nueva patria y bailar los domingos. En Tacuba 15 se reunían las izquierdas judías pero también se rezaba en las Fiestas. Allí había una biblioteca y se llevaban a cabo numerosas actividades culturales. También contaba con espacios para el deporte, pues en ese edificio nació el Macabi, de donde años después surgiría el CDI que hoy nos arropa.

A pesar de que los judíos ya no viven en el Centro, perduran sus historias, recuerdos y fotografías.

Los invitamos a caminar sus pasos y a escuchar sus testimonios en una zona que no aparece en las guías turísticas pero que tiene rincones fascinantes.

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